Despatriarcalizar la democracia
La democracia representativa liberal ha sido y
es uno de los principales obstáculos de los movimientos feministas, pero
también la gran destinataria de sus reivindicaciones. Esta paradoja de
funcionar a la vez como límite y posibilidad puede observarse en la
historia del parlamentarismo liberal-burgués. El 7 de junio de 1866, el
diputado John Stuart Milll, influido por Harriet Taylor y otras
pioneras del movimiento sufragista inglés, elevó al Parlamento británico
la primera propuesta de legalización del sufragio femenino, avalada por
la firma de 1499 mujeres de la Sociedad para el Empleo de la Mujer. Se
trataba de una propuesta limitada a mujeres propietarias solteras o
viudas, dado que las casadas no tenían derecho a la propiedad, que con
el matrimonio pasaba a sus maridos. La Cámara de los Comunes rechazó la
petición en un clima que oscilaba entre el desprecio, la burla y la
indiferencia generalizada de parlamentarios que la consideraban una
cuestión irrelevante.
