Yo, Inés Andrade, he
compuesto esta historia para quien la quiera leer. Para tejerla, fui
seleccionando los fragmentos de vidas que el arca de mi casa me reveló, que no
eran todas las vidas, sólo partes, y que no he reproducido íntegramente, sólo
en la medida en que pudiesen marcar el hilo por donde todas habían pasado antes
de mí, como en un trabajo manual de
patchwork.
Al tiempo que escribía, me di cuenta de que estaba rescatando la memoria de las
mujeres invisibles que me habían precedido y, movida por su espíritu, a veces he inventado, he
explorado la anécdota, me he dejado llevar por el humo de la imaginación, y he
exprimido las palabras cuanto he podido para sacarles la miel que llevan dentro
y dejar que me endulzasen la boca y me hiciesen brillar los labios por ver si
así, tan adornada, me besaban de una vez. (…)