... La locura de nuestro tiempo es querer vivir el amor de manera permanente, con toda su intensidad, sin sombras y sin nubes. El amor se ha sobrevalorado. En cuanto al sexo, se ha convertido en nuestra nueva teología. Sólo se habla de eso, y se habla mal, con vulgaridad y complacencia. La única arma de que disponemos hoy contra todo ello es la risa. Sí, más vale reír.
El amor no es democrático, no responde ni a la justicia ni al mérito. Sigue siendo del orden de las preferencias, es decir de la elección inducida por un ser en detrimento de otro. ¿Por qué enamorarse de una y no de otra? Porque una te hace temblar y en cambio otra te deja fría? Y es posible enamorarse de una basura que te volverá loca de dolor. En el 68 murió el angelismo del deseo y del sentimiento, la idea de que todo lo relacionado con el sexo es maravilloso. Hoy sabemos que el amor conlleva dependencia, abyección y servidumbre tanto como sacrificio y transfiguración. Tenemos que volver a descubrir esta complejidad del amor.
Pascal Bruckner
¿Desear es amar? ¿Se puede amar sin deseo? ¿Desear sin amar? ¿Debemos creer en el gran amor que se inscribe en la temporalidad? ¿O hay que resignarse a vivir en la incertidumbre acerca de los sentimientos propios?...
El amor sería ese modo de relación que nos permitiría comprender mejor al otro, sentirlo interiormente, una especie de poder mental, una manera de borrar la frontera entre el sí mismo y los otros, una manera de hallar una forma de armonía.