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divendres, 15 de març del 2013

¿Qué hacemos con la masculinidad: reformarla, transformarla o abolirla?, Jokin Azpiazu

Jokin Azpiazu analiza las contradicciones del popular discurso de las nuevas masculinidades: el excesivo protagonismo, la escasa vinculación a las teorías feministas, el heterocentrismo, el binarismo, o las resistencias a renunciar a los privilegios.

Masculinidades./ Señora Milton
Señora Milton /Pikara Magazine
Durante los últimos años, el estudio de la masculinidad (o las masculinidades) ha recibido gran atención tanto en el ámbito de la investigación como en otros ámbitos sociales, como por ejemplo el de los medios de comunicación. Al amparo de los estudios de género, en varias universidades se están realizando estudios sobre masculinidad, y las líneas de investigación sobre el tema se están fortaleciendo y afianzando. Al mismo tiempo se están impulsando diferentes iniciativas en el terreno de los movimientos sociales así como en el de la intervención institucional, siendo probablemente las más conocidas los denominados “grupos de hombres”.

La idea que subyace en la atención que la masculinidad está recibiendo en el terreno académico es la siguiente: el género es una construcción social (tal y como la teoría feminista ha argumentado ampliamente) que también nos afecta a los hombres. Por lo tanto, poner el “ser hombre” a debate e iniciar una tarea de deconstrucción es posible. Así, los estudios sobre la masculinidad nos animan a ampliar la mirada sobre el género, a mirar a los hombres. Esto tiene sus efectos positivos, ya que los hombres no nos situaríamos ya en la base de “lo universal” sino en el terreno de las normas de género y su contingencia histórica y social.

dimecres, 13 de febrer del 2013

El hombre en la cultura patriarcal, Adrián Tarín

El patriarcado, como sistema, tiene como función determinar ciertos aspectos y comportamientos de aquellos sujetos sometidos a él; esto es tanto la mujer como el hombre. No pretende este ser un ensayo de carácter científico-social como el excelente ejercicio al cual parafraseo en el título, sino más bien unas anotaciones en torno a unas influencias, quizás menos estudiadas, de las jerarquías de género en la sociedad capitalista contemporánea.

Los tentáculos del patriarcado no sólo succionan e inmovilizan a la mujer en una posición determinada del organigrama vertical de género, sino que encasillan, como consecuencia, también al hombre. Quizá puede pensarse, y se tendrán grandes dosis de razón superficial, que su situación es de privilegio, si consideramos el ejercicio de dominio como una circunstancia positiva. No obstante, la dominación, aunque a corto plazo pueda resultar beneficiosa para el poderoso y dañina para el desposeído, es un fenómeno maligno bidireccional.

dissabte, 26 de gener del 2013

No soy un hombre, Harold Norse



No soy un hombre, no puedo ganarme la vida, comprar cosas nuevas para mi familia.
Tengo acné y un pene pequeño.
No soy un hombre. No me gusta el fútbol, el boxeo y
los coches.
Me gusta expresar mis sentimientos. Aún más, me gusta
abrazar a mis amigos.

dimecres, 5 d’octubre del 2011

Masculinidad, sexualidad, decontruir


Zine realizado y editado por decontruir@hotmail.com, que propone cuestionar la masculinidad como tal y el tener que autoadjudicarse un rol de acuerdo a la genitalidad que a unx le tocó (no hay posibilidad alguna de elección). Este es también uno de los pocos zines (además de Falo) que circulan en relación a la masculinidad. En su interior vemos: El hombre como universal, El sistema sexo/género la desigualdad normalizada, La sociedad como escuela de la masculinidad, Ritos de iniciación la prueba de lo masculino, El ideal masculino, Caracterización del verdadero hombre, Cómplices del patriarcado, Genitalidad Masculina la insignificancia hecha magnificencia, Masculinidad y heterosexualidad obligada, Anexo: Sexo y revolución; por el Frente de Liberación Homosexual argentino (1973 - 1974).

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dilluns, 27 de desembre del 2010

Carta abierta de un varón a otro varón, Sergio Sinay


Querido congénere:

Esta carta no podía tener otro destinatario que fueras tú. Nadie podría entender mejor de qué hablo, qué quiero decir. Querido congénere, tú y yo, varones ambos, estamos en peligro de extinción. Así como nos mandaron a vivir nuestras vidas de hombres, así como nos mandaron a relacionarnos con las mujeres, con nuestros hijos, con las cosas, con los seres, con el mundo, así no va más.

Te quiero contar cosas que escucho, que siento, que pienso, que vivo y que veo, cosas que nos involucran y que, quizás, no ignoras y te preocupan tanto como a mí. Veo mujeres tristes, desalentadas, resignadas a no encontrarse emocionalmente con nosotros, a no contarnos como compañeros de vida, digo como verdaderos compañeros de vida, como hombres dispuestos a explorar con ellas los espacios desconocidos del afecto, a confiar en que nuestras diferencias nos enriquecerán, dispuestos a mirarlas con cariño, con ternura, con humor, además de con deseo. Veo mujeres que no nos entienden ni se sienten entendidas por nosotros, mujeres que han hecho hasta lo imposible por comunicarse (y debo decirte, querido congénere, que a menudo hacen de más, se ponen demasiado ansiosas, sofocan, se adelantan a nuestros tiempos). Han hecho hasta lo imposible guiadas por la mejor, la más amorosa de las intenciones. Y hoy a muchas las veo y escucho resignadas a convivir con hombres que siempre serán extraños y lejanos o, directamente, a prescindir de ellos. Muchas mujeres prefieren compartir y su tiempo con otra u otras mujeres: reciben más afecto, más compresión, más compañía (aunque le falte el tipo de compañía, comprensión y afecto masculinos, que tienen otra energía, otra vibración, no opuesta sino complementaria). Hay mujeres a las cuales empezamos (sólo empezamos) a resultarles prescindibles. Y si prescinden de nosotros, ellas estarán sin hombres, pero los que estaremos verdaderamente solos seremos nosotros, te lo aseguro. Nosotros, los varones sabemos muy poco, o nada, de estar solos, salvo en las trincheras o arriba de un ring. Y aún así, nos damos el dudoso lujo de aislarnos.