Vaivenes
y potenciales de la vida compartida
La cercanía entre los seres no se mide
en centímetros. La proximidad de las parejas no se tabula en meras
medidas. Las distancias tampoco se estiman por normas simplemente
numéricas. La regla es aparente y sus divisiones divagan.
Solamente tocar no asegura llegar.
Detrás del roce hay profundidades ignotas; más allá del beso
murmuran las olas de mares recónditos. El universo del ojo interno
no tiene confines, y para el intruso no hay indicadores.
Seguimos compartiendo el mismísimo
colchón a lo largo de casi un cuarto de siglo, piel con piel, piel
contra piel, una tercera parte de nuestras vidas juntos. A veces
abravesamos el tacto, la tierra incógnita detrás de la frontera del
contacto, alcanzando una unión total; a veces, aún juntos, las
distancias no se pueden calcular ni en años luz.
