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divendres, 17 de febrer del 2012
Los caballeros las quieren inteligentes, Florence Thomas
Los hombres de hoy prefieren, buscan y tratan de amar a mujeres inteligentes y autónomas.
Está en temporada en el Teatro Nacional Los caballeros las prefieren brutas. Yo no la he visto, pero algunos amigos y amigas me dicen que en la obra de Isabella Santodomingo hay más bien pocas referencias al sugestivo título. Y es una lástima, porque la cuestión no carece de interés, como lo demuestran las importantes ventas del libro que inspiró a este montaje teatral.
Para empezar, es importante reconocer la complejidad inherente al encuentro amoroso: hombres y mujeres compartimos el ejercicio de la conciencia, de la razón y de las emociones, pero las voces de ellos y las voces nuestras no tienen el mismo eco. Nuestras carencias, fantasmas y defectos no son los mismos porque nuestras historias de construcción de identidad son muy distintas, lo que significa que nuestras maneras de otorgarles sentido a nuestras vidas no son comparables.
Pero de ahí a pensar que en medio de esta complejidad del amor los hombres las prefieran brutas hay un largo trecho; en el fondo, pensar que esto es así, no solo es denigrante para nosotras; también lo es para ellos mismos.
dissabte, 16 de gener del 2010
Hay Amores..., Florence Thomas

A veces uno se olvida de que el amor feliz no tiene historia o, más exactamente, no hace historia. Por el contrario, el discurso amoroso refleja, casi siempre, una relación en crisis. Telenovelas, artículos de revistas femeninas y canciones nos dan un impresionante panorama de los estragos del amor. Abandonos, traiciones, celos, infidelidades y abusos de poder son el pan cotidiano de los discursos amorosos. Pero hay amores bastante excepcionales por cierto que no hacen historia, que maduran en silencio, que acogen los conflictos con generosidad y se permiten reformulaciones del vínculo; amores que duran porque saben madurar en la aceptación de la incompletud y de la diferencia; cada miembro de la pareja aceptó ser un otro privilegiado, mas no un otro único y exclusivo. Ya sabemos que en cuestión de amores, la exclusividad es la muerte. Ya sabemos que cuando uno quiere todo del otro, está matando el amor y hemos aprendido de la literatura que la lógica de la pasión es la muerte.
Pero hay amores que construyen lugares para el otro, para la otra, donde existen espacios para respirar fuera de la relación, que permiten enriquecerla y alimentarla del exterior. Sí, hay amores de dimensión humana, amores que, en lugar de la fusión asfixiante y absolutizante, instauran la preferencia, permiten la distancia, los otros, el mundo. Amores cuya sexualidad se asume en la carencia, cuya cotidianeidad acepta y enfrenta la dificultad y la crisis, que prefieren los intentos de reformulaciones en la creatividad, a la huida, la ruptura o las agresiones a la primera dificultad o desilusión. Amores más fraternales que pasionales, en los cuales la complejidad, la ternura, la complicidad y el discurso sustituyen la ceguera pasional y en donde el juego infinito de los mutuos fantasmas reemplazan el amor-sufrimiento. No son amores con menos dolor ni menos dificultades, sino con otro dolor; no un dolor de frustración, muerte y negación sino de aceptación de la soledad en cuanto meollo de nuestra condición humana. Un dolor civilizador y no aniquilador.
Estos amores que no hacen ruido también existen. Y hoy, tal vez asqueada por los amores enfermizos de telenovelas, de farándulas y jet-set, tal vez asqueada por la manera como la palabra amor se comercializa, se vende, se prostituye y significa hoy todo y nada, quise rendir un homenaje a los amores discretos, silenciosos y exigentes, que se viven como un imposible asumido; estos amores que construyen, desde una ética del respeto al otro o a la otra, civilización, humanidad y cultura. Conozco algunos de estos amores. Quiero decir algunas parejas que viven el amor así. Que saben que el otro no se puede consumir ni poseer, que saben que la serenidad en el amor descansa sobre el respeto de dos polos opuestos: por una parte el deseo de unión y por otra parte el deseo de separación, de autonomía. Que saben que la esencia del amor es libertad absoluta.
Dejemos de pensar que todo era mejor antes. En cuanto mujer, no lo pienso, no lo puedo pensar. Para mí, la intimidad entre hombres y mujeres se está construyendo desde estas nuevas mujeres de hoy, autónomas y protagonistas de sus vidas y nuevos hombres quienes, por fin, están cuestionando una masculinidad trasnochada.
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