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| by Isa |
“Sin ti no soy nada”, “Qué voy a hacer
sin ti” “Quién soy sin ti”… Muchísimas canciones de pop nos dejan un
mensaje claro: sin nuestra persona amada no podemos hacer nada más, no
somos nadie, el eje de nuestra vida es esa persona… Y esto
cala hondo,
¿quién no ha pensado alguna vez algo así? Yo la primera: en mi
adolescencia no dejaba de desear que alguien me amase como en esas
canciones, como en esas películas del cine, que alguien me convirtiera
en una persona completa, que me hiciera feliz y no necesitar nunca nada
más…¡Ay, bendita inocencia!
Dejemos algo claro: tener pareja no lo
es todo. No dejamos de necesitar a otras personas y experiencias, no nos
hace “seres completos”, no es la única fuente de felicidad… ojo, ni
debería serlo. Tampoco nos quita nuestros complejos ni
es la fuente de sanación divina que nos hace sentirnos bien con nosotras
mismas por siempre jamás. Vamos, ¡que no es como las alubias mágicas de
Bola de Dragón!