LA EXQUISITA SENSUALIDAD Y EL EROTISMO TRAZADOS A LÁPIZ
Carecen de la agresividad y desesperación de los dibujos de Schiele, del cinismo de Picasso, del salvajismo de Tolouse-Lautrec.
Su erotismo es siempre, como en Ingres o Matisse, refinado y elegante. Su sensualidad da testimonio de su gusto por el esteticismo decadente, algo que nadie puede quitarle o prohibirle. Esta mezcla de erotismo y esteticismo forma también parte de la representación de las poses más osadas y provocantes o de la reproducción detallada de las zonas erógenas del cuerpo.
Klimt no es nunca atroz o vulgar, aún cuando se le ha tachado de pornográfico. El dibujante Klimt parece coquetear siempre con el objeto de su pintura. Es el dibujo de un amante cariñoso que acaricia con ternura el cuerpo amado para excitarlo en cada posición, y es el intento de retener un momento del éxtasis para hacer de él un algo de eternidad.
La mujer es su tema exclusivo: la pinta desnuda o ricamente adornada, en movimiento, sentada, de pie, yacente, en todas las posiciones y gestos, incluso los más secretos.
Preparada para el abrazo, en éxtasis, en sensual expectación, como Rodin, con quien comparte esta pasión por la representación de la mujer en todos sus estados de ánimo, necesita durante su trabajo constantemente dos o tres modelos desnudas en su estudio, sin pintarlas realmente. Como ardiente mirón, un dibujante que iguala a un reportero sensacionalista, las pinta en la posición que le excita a él, en el movimiento que despierta su líbido.
