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dimecres, 1 de febrer del 2012

Teoría del cuerpo enamorado, Michel Onfray (Fragmento)

PREFACIO (Fragmento): La feliz voluptuosidad de las líbidos

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Hasta que cumplí los diez años tengo el recuerdo de haber errado sin dolor, como espectador de mí mismo, a la búsque­da inconsciente de una cartografía útil a mi desplazamiento en el universo sexuado. El tiempo que separa la inconsciencia es­pesa de los primeros vislumbres de lucidez se compone de his­torias banales, pero identitarias: primeros besos robados y vir­tuales -porque dados a través de un cristal de la escuela primaria-, primeros escarceos del cuerpo y del alma en los campos de tri­go bajo el sol aplastante de agosto, primeros descubrimientos expectantes de la diferencia sexual bajo los auspicios de la mor­fología, primeros sobresaltos directamente registrados bajo el principio de la fisiología experimentada, primeros celos, pri­meras seducciones, primeras sacudidas infligidas a la carne por la brutalidad de una despiadada e incompresible energía.

En los momentos más andróginos o hermafroditas de estos tiempos, el cuerpo se prueba en las posibilidades del espectro que algunos han instalado bajo la rúbrica de las perversiones. Desde las masturbaciones destinadas a vaciar el alma de las an­gustias solitarias a las voluptuosidades del disfraz femenino en el que se gustan la seda y el nailon, el plumón y el cuero, la piel y el perfume, el paño de los vestidos y lo sedoso de las materias, pasando por las homosexualidades de ocasión y de iniciación donde se economiza el riesgo de lo femenino, o por las relaciones sexuales triangulares a las que se prestaban con verdadero placer un compañero de escuela y la hija del pana­dero -que no tenía diez años como nosotros-, el deseo que ig­nora los códigos sociales encuentra las fórmulas de su expan­sión donde quiere, donde puede, lejos de toda moral moralizadora y en el puro gozo de un ejercicio imposible de diferir.