Una de las cuestiones que han sido siempre debatidas más y con mayor ardor, hasta poco tiempo atrás entre los anarquistas, y antes aún entre los socialistas, es la del amor, la familia y las relaciones sexuales.
La cuestión en realidad tiene mucha menos importancia de la que se le ha dado en ciertos momentos; pero si su importancia ha sido exagerada, ello depende de los prejuicios que tienden a complicar una cuestión por sí misma muy simple, prejuicios dependientes del hecho de que los hombres, muchos hombres, a pesar de su desprejuicio moral y su ardor revolucionario, no lograban considerar a la mujer como a su igual con el mismo derecho de disponer libremente de sí, sino Como un ser más débil e inferior a quien proteger y sobre quien ejercer siempre alguna autoridad, aunque disimulada y benévola.
