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| Ilustración de Joan Turu para del amor al amor |
Como la pereza o el sueño, instintos primarios y naturales, ha sido también —como la gran mayoría de palabras— desvirtuado y vaciado de contenidos. Ha sido vejado, manipulado, tergiversado y corrompido. Los clichés y los estereotipos, así como las dinámicas viciadas son pan de cada día para la mayor parte de lxs habitantes del planeta, que asumen lo artificial como normal.
Hablar del Amor, así, con mayúscula, con toda su naturalidad y la fuerza que tiene el amor en sí mismo es un acto de justicia poética que descalabra mitos, rompe incertidumbres eternas y desmonta la parafernalia mercantilizada que tenemos desde que la sociedad de consumo se ha impuesto en todos los ámbitos de la vida y el amor solo se celebra los catorce de febrero. O los veintitrés de abril. O el aniversario de turno. Pero el resto del tiempo se está sólo, pero acompañando otra soledad (u otras soledades). O simplemente en soledad, con fobia social y pánico a relacionarse con lxs demás por miedo a salir dañadx.







