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| Ilustración de Annie Gonzaga Lorde |
Cuando una se enamora, la corazona y la cuerpa son lugar de múltiples emociones y sentimientos, lo malo no es sentir, sino la forma en cómo llevamos a la praxis esas emociones.
El capitalismo nos ha invadido a tal grado de cosificar a las personas, haciéndolas (y haciéndonos) gustosas para el consumo, incluso en la manera en que nos acercamos a las personas es en este mecanismo. Nos acercamos a alguien porque “nos gustó”, e incluso erotizamos antes de conocer. Pensamos en qué tanta probabilidad hay de follar o al menos “de unos besos” con esa persona.
Consumimos cuerpas.
Consumimos personas.
Y no sólo es consumir a otras, es consumirnos a nosotras mismas cuando comenzamos a enajenarnos pensando demasiado tiempo en esa/s persona/s que nos atrae/n.
