En el imaginario colectivo e individual del anarquismo, el concepto y la práctica del amor libre ha sido objeto de innumerables polémicas y disensiones. La razón plausible de este hecho discurre de la dificultad en situar, teórica y experimentalmente, al individuo como entidad libre y soberana en el contexto de cualquier grupo, comunidad o sociedad. Cualquier expresión de vida, instinto, sentimiento, relación sexual o idea corporizada en un acto de amor libre por un individuo en una relación con cualquier otro individuo implica siempre una relación biológica y social. Para el común de los anarquistas, la síntesis de esa relación debe ser siempre sobrepasada por la libertad y la individualidad de cada individuo. Sin embargo para analizar y vivir el amor libre, implica que tengamos presente la conjugación de pulsiones de vida y relaciones sociales asentadas en la alteridad, en la identidad individual y colectiva, en la búsqueda del devenir absoluto que la utopía encierra y la vida cotidiana relativiza.
