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dijous, 20 d’octubre del 2011
Por amor a la vida, Ainhoa Güemes Moreno
Hay razones de peso para llorar, para estar triste. Alfonso Sastre, ante el cierre y destrucción de Kukutza, fábrica de sueños autogestionada, no puede ocultar sus lágrimas. Sombra le pregunta: «¿Por qué llora?»; Nuestro querido dramaturgo le responde: «Lloraba de indignación o, con otra palabra que ahora no está de moda, de cólera. Lloraba porque no podía meterle una puñalada en el corazón a quienes han provocado en mí esta cólera». Razones para llorar y encolerizarse no faltan. Esta mañana, en la calle San Francisco, seis policías rodeaban y cacheaban a un chico del Magreb, estampándole violentamente la cara contra una persiana. Hace apenas unas semanas, encontraron el cuerpo sin vida de Zainab al Hosni, una adolescente siria secuestrada por las fuerzas de seguridad, que según fuentes de Amnistía Internacional, fue decapitada con el objetivo de presionar a su hermano activista; le cortaron los brazos y le arrancaron la piel.
Corazones arrancados de cuajo, vidas brutalmente mutiladas. Nadie mejor que Doctor Deseo expresa en sus letras la frustración y la rabia de quien solo tiene en sus manos un puñado de sueños rotos: «La ciudad está a tus pies, no está mal para empezar. Ahora viene lo mejor, vas a hacerla bailar. Nadie hizo nada por ti, si no fue para matar cada sueño, cada sonrisa. Ahora se van a enterar de lo que se puede hacer con veinte años de mala hostia. ¡Dispara ya!». El sistema capitalista y patriarcal se guía por una voluntad nihilista (voluntad de la nada, que produce carencia a expensas de la generosidad y la abundancia), como un tanque o una apisonadora destruye todo lo que encuentra a su paso, agotando los recursos y los alimentos. ¿Cómo combatir una voluntad que busca el sufrimiento? ¿Cómo destruir la fábrica inmunda en la que se lleva a cabo una hiper-producción del dolor? No nos queda otra opción que disparar al centro de las posibilidades creativas, apuntando directamente a la felicidad y a la esperanza. Hagamos uso de la libertad de expresión y creación, de la horizontalidad organizativa y de la lucha colectiva para transformar el mundo en algo mejor, en algo más bello. Por amor a la vida pongamos en marcha nuestras máquinas y artilugios de defensa, aunque sea una empresa peligrosa, por la supervivencia de este planeta merece la pena arriesgarse, merece la pena pensar y actuar de manera crítica.
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