De la mano de Oscar
Wilde, Víctor Hugo o el Marqués de Sade, xara sacchi reflexiona sobre la
construcción contemporánea del amor romántico y la norma sexual.
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| Oscar Wilde y Lord Alfred Douglas |
Hace un par de semanas leíamos a tres voces con mis compañeras del
club de lecturas disidentes la carta que Oscar Wilde le envía desde la
cárcel a su amante, amigo, traidor personal, compañero (in)fiel Lord
Alfred Douglas. En la carta
De Profundis,
Oscar, que juega el papel de amante despechado, le recuerda a su bien
amado todos y cada uno de los desaires de los que fue víctima durante su
vida juntos, cómo fue también que se sintió feliz a su lado, cómo fue
que cayó en desgracia por su culpa, cuánto dinero invirtió en halagarlo,
penique por penique (hay sumas detalladas), cómo emprendió empresas
extraordinarias para seducirlo, como finalmente acabo en la cárcel por
él. Si bien cualquiera estaría tentado a afirmar que es una carta de
despecho, de denuncia, escrita desde el resentimiento, una carta de
desamor, de desengaño, la carta en realidad es un carta de amor.