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dissabte, 22 de desembre del 2012

Prólogo "del amor al amor", Ibai S.Urbieta

Ilustración de Joan Turu para del amor al amor
El Amor es un tabú del que es difícil desperezarse. Tiene, aparentemente, una naturalidad intrínseca, pero comporta muchas complicaciones y es complejo de tratar.

Como la pereza o el sueño, instintos primarios y naturales, ha sido también —como la gran mayoría de palabras— desvirtuado y vaciado de contenidos. Ha sido vejado, manipulado, tergiversado y corrompido. Los clichés y los estereotipos, así como las dinámicas viciadas son pan de cada día para la mayor parte de lxs habitantes del planeta, que asumen lo artificial como normal.

Hablar del Amor, así, con mayúscula, con toda su naturalidad y la fuerza que tiene el amor en sí mismo es un acto de justicia poética que descalabra mitos, rompe incertidumbres eternas y desmonta la parafernalia mercantilizada que tenemos desde que la sociedad de consumo se ha impuesto en todos los ámbitos de la vida y el amor solo se celebra los catorce de febrero. O los veintitrés de abril. O el aniversario de turno. Pero el resto del tiempo se está sólo, pero acompañando otra soledad (u otras soledades). O simplemente en soledad, con fobia social y pánico a relacionarse con lxs demás por miedo a salir dañadx.

divendres, 28 d’octubre del 2011

Mi declaración (temporal) de amor (cómplice), Sandra Rojas


Hoy te amo. Ahora te deseo. Aquí y en este momento anhelo tu cuerpo y tu presencia, tu risa y tu alegría, las aventuras a tu lado y los paseos en bicicleta, las escapadas a la playa y los atardeceres, anocheceres y amaneceres en tu piel. Hoy lo dejaría todo por una noche abrazada a ti, por una conversación sobre lo más profundo y lo más superficial de la vida, por explotar de placer mientras te derramas al tiempo dentro mío. También sueño con tríos y orgías a tu lado, con intercambios de pares, con fiestas y bailes hasta el amanecer, con chistes y risas, con mares y montañas. Hoy me quedaría toda la noche mirándote en silencio hasta que cerraras los ojos. Hoy te cantaría la canción más bonita, escribiría el poema más bello, bailaría la danza más linda.

Sólo para ti, para susurrarte al oído que eres un huracán de aire fresco en mi vida que altera mi pesimismo bajo en ilusiones y para gritarte que no quiero hablar del pasado y sí caminar el presente que a cada paso se convierte de nuevo en pasado. Vendería mi alma al diablo para saludar a la próxima luna llena a tu lado. Luego la volvería a vender para que la luna cobije nuestra desnudez en cualquier playa desierta.

divendres, 11 de juny del 2010

Antes muerta que sumisa, Sandra Rojas


Aún a riesgo de que parezca que pretendo dar lecciones, sigo diciendo lo que pienso. Ese es uno de mis “chips”. Considero que cuando nos sentimos molestas con alguien tenemos que mirar qué nos molesta de nuestra propia actitud. No es fácil, pero es un ejercicio vital ya que colocar el origen de la molestia únicamente en otras personas aunque es muy sencillo de resolver oculta raíces de otros conflictos.

No es la primera vez que me dicen que yo defino, decido, administro o manejo los hilos de las relaciones que me unen a otras personas. Lo escucho de la mejor manera posible sin dejar de pensar que entonces esa misma persona que me lo dice se trata como un simple objeto sin voluntad ni decisión.

divendres, 19 de març del 2010

Aprendí a no decir te quiero, Sandra Rojas



Quien quiera entender los porqués de las relaciones humanas tiene que vivirlas y sufrirlas y le tienen que llenar de placer y de dolor. Quien quiera ser libre en este mundo homogeneizante y autoritario tiene que vencer al policía que todas llevamos dentro y, sobretodo, al policía moral que habita en el resto de personas que dicen que nos quieren pero no acaban la frase. Porque en realidad piensan: “Te quiero atar, someter a mis prejuicios morales y tenerte encerrada sólo para mi use y disfrute”. Pero no lo dicen porque lo dan por supuesto, es “obvio”. Y por eso a una le toca decir, anunciar y explicar cómo quiere vivir las relaciones y luego pelearse para que lo “obvio” no te absorba y para que los policías no te repriman.

Aprendí a no decir te quiero porque esa expresión conlleva una cantidad infinita de conceptos, ideas y deseos para la mayoría de gente. No es de extrañar. Películas, cuentos, historias familiares o canciones nos refuerzan la idea monogámica y represiva de algo que se atreven a llamar “amor”. Por otro lado hay que redefinir esa palabra y entender lo que significa “hacer el amor” que, por supuesto no se limita al sexo sino que abarca cualquier aspecto de la vida que hagamos con alegría y placer y sin dañar a nadie.

Esta lucha no es sencilla, como ninguna otra en contra del pensamiento único y el poder patriarcal y religioso. Así, ya sólo el planteamiento diferente y en contravía de las relaciones humanas —y en especial las sexoafectivas— pero sobretodo sus intentos de puesta en práctica son ejercicios de transformación social constructivos, reflexivos y pedagógicos con el objetivo público y declarado que haga saltar por los aires tabúes, dogmas, represiones, moralinas, hipocresías y silencios. Renunciar a ellos sería como renunciar a la abolición del capitalismo o del patriarcado. Un terrible error a menos que te gusten las injusticias derivadas o, más claramente, te beneficies de ellas.

No te extrañes si el desespero te quiere atrapar, pero no te dejes llevar por la corriente. Es comprensible la sensación de tristeza y rabia pero nos toca estar por encima de eso. Pasados los desahogos puntuales hay que volver al mismo camino que emprendimos hace rato por la liberación total sabiendo con quien contamos para nuestros propósitos. Evita que la rabia se quede mucho rato en tu cuerpo, sácala lo antes posible de la manera que te nazca aunque no dudes que lo mejor para no desesperanzarse es no tener esperanzas. No siempre es fácil, pero un día llega...

dissabte, 16 de gener del 2010

De flor en flor, Sandra Rojas


Durante mi época que a la gente le gusta llamar adolescente, una vez la madre de un amigo me dijo que lo que nos tocaba era “ir picando de flor en flor”. Se refería a tener relaciones diversas con personas de nuestra edad sin aferrarnos a ninguna como diciendo “ya os tocará encontrar a alguien con quien hipotecarse”. Diez años después de esa frase sigo pensando que soy como una abeja que extraigo de cada flor que me recibe aquello que me da vida. El símil me parece exquisitamente acertado porque una abeja recibe alimento a la vez que poliniza las flores, es decir, toma lo que necesita para generar vida y poner en relación a flores que, de otra manera, ni se conocerían. Aprende para repartir ese aprendizaje de cada flor entre todas las flores con las que se relaciona: da y recibe con el mismo entusiasmo.

Hay quien prefiere recibir el polen de una sola flor pero yo hace rato me cansé de ello, creo que quien quiere ser libre tiene que hacer lo posible para serlo, sino es cómplice de su esclavitud. Y no por ello una se libera de los conflictos que genera esa manera de ser ya que la libertad en el amor aumenta las oportunidades de conflictos y crisis relacionales. Cuanto más gana el amor en libertad y autonomía, más riesgos corre pues no está encadenado a las normas sociales, prejuicios morales y demás estrecheces que, aunque nos oprimen con sus limitaciones y castigos, nos dan cierta seguridad, confiabilidad y comodidad en nuestras relaciones.

No se trata de renunciar al amor porque eso es casi imposible, sino de vivirlo a gusto, de manera placentera, con libertad y autonomía para decidir qué queremos en cada momento sin que nadie se sienta mal por ello. Y recomiendo hacerlo sin afán, sin correr, sin prisas, para no equivocarse tanto porque estamparse contra un muro es entonces más fácil. Nuestras relaciones las vamos definiendo a base de ensayos y errores y por el camino nos equivocamos en múltiples decisiones que tenemos que asumir responsablemente. Porque equivocarse es de humanos, pero echarle la culpa a otra persona parece ser que es más humano todavía.

Así, hay que encontrar la manera tranquila de decir adiós al amor y sobretodo a ciertos amores que ya no nos aportan esa magia indescriptible que nos quitaba el sueño y nos hacía soñar en otros momentos de nuestra vida. Porque alejarse de alguien o de ciertas maneras de relacionarse con ese alguien en el momento oportuno demuestra algo de madurez, así como asumir sin traumas el fin de las ilusiones recordando con cariño lo que se aprendió al lado de esa ilusión. Porque el amor es nómada y no puede generar odio ni rabia ni resentimientos. Si el amor es para eso, entonces lo mejor es despedirse de toda conexión con la sociedad.

Y en ese camino de convivir con las desilusiones también hemos aprendido a no desesperarnos con los proyectos de amor porque diversificamos nuestros proyectos de vida y, por consiguiente, las relaciones con las otras personas son un pedazo de ese gran cosmos que nos envuelve. Vimos que teníamos que amar para existir porque casarse, tener hijos, ser una buena esposa y ama de casa era nuestro objetivo en la vida. Ahora tengo claro que lo primero es existir y luego amar. Ese falso amor nos ha cegado hasta el punto de negar el amor a la primera persona que lo necesita, nosotras mismas, porque sin ese amor es imposible amar al resto del mundo. Por ello a veces vemos a personas que “desprecian” el amor y las relaciones de pareja, pero en realidad huyen de ataduras morales y buscan amar al resto del mundo después de valorarse a ellas y autocuidarse. Así, quien se da el lujo de sentirse segura ante el amor es quien se ama a sí misma ante todo. Es imprescindible existir de manera placentera antes de amar en vez de necesitar ser amadas para sentir que existimos. No podemos ser tan vulnerables de pensar que otras personas (y mucho menos una sola persona) van a resolver nuestras carencias afectivas.

El siguiente paso sería entonces observar que hay personas que desprecian la cultura que nos ubicó en la exigencia del amor y no en la afirmación y su disfrute. Hay que dejar de exigir a las personas que queremos que sean de una manera y que hagan esto o aquello para calmar nuestra propia ansia y necesidad. Así, sería un bellísimo ejercicio de amor aceptar con cariño las diferencias y las reformulaciones de los vínculos y los deseos y necesidades de las otras personas aunque no coincidan con lo que nos gustaría vivir con esa persona. Es necesario agradecer al Dios que elegiste para sobrevivir —o a la cantante que te quita el sueño— que otras personas nos eligieran para compartir parte de sus vidas y, ocasionalmente o frecuentemente, sus cuerpos. Todo para ti no puede ser, porque los sueños de fusión y las idealizaciones son la la muerte de algo tan cotidiano como excepcional como es el amor.

dilluns, 12 d’octubre del 2009

El derecho al placer, Sandra Rojas



Nos robaron el placer, como nos robaron otras tantas maravillas de la vida. Y si nos dejamos, los enemigos del placer colectivo y amigos de la destrucción nos las roban todas. La experiencia del placer libera y enseña a defender con las uñas ese mismo placer. ¿Por qué se imaginan que los poderosos no quieren perder sus privilegios? Porque los conocen de sobras y son tan mala gente que no quieren ni compartirlos; porque poder, se puede. También tengo claro que quien quiera sufrir, que sufra. No soy de esas personas, acepto sacrificios pero no sufrimientos.

Los derechos, como podría ser el mismo placer, no son inalienables al ser humano. Se recibe, dando; se encuentra, ofreciendo; se avanza, caminando; se gana, luchando. No nos enseñaron, más bien nos reprimieron todo ello. No nos prepararon, nos tiraron de golpe a la piscina, y desaprender es más difícil que aprender. Encontrar a nuestro ser salvaje no es fácil, pero, claro está, es posible. Nuestros deseos, liberaciones y despertares están ahí, pero si te quedas quieta, se alejan.

Vivir el despertar de nuestro ser salvaje es espectacular. Darse la confianza, la facilidad y la tranquilidad de disfrutar del placer erótico y sexual sin objetivos ni pretensiones ni límites ni culpas ni remordimientos. Con o sin compañía, transgrediendo normas y tabúes, recibiendo sin complejos ni obligaciones y con mucha alegría. Ese abrir los ojos para valorar el propio cuerpo conlleva otras liberaciones y otras miradas, un bastante de alegría y fuerza para afrontar con optimismo la miseria cotidiana y general que nos rodea.

Pareciera sorprendente que en algunos casos, más de los imaginados, hay personas que nunca han mantenido ciertas prácticas sexuales o las han mantenido con nula o escasa consideración hacía su propio placer, con la frustración que conlleva (si había expectativas) o la asunción de un nivel de placer mínimamente aceptable. Preocupante, sin duda. y cuando un torbellino de placer inunda sus cuerpos, pueden aferrarse tanto a ese torbellino que a veces ponen en la cuerda floja una antigua relación amistosa cariñosa, agradable y abierta. Personas que te acaban de conocer, pasan a "extrañarte" y a necesitar más; eso es, a generar más dependencias en vez de lanzarlas bien lejos; eso es, a sufrir, cuando antes aceptaban su camino sin aparente sufrimiento.

Es por ello que cierta “cautela” me acompaña a la hora de iniciar relaciones, luego me suelo ir de cabeza y sin cabeza. Aunque parezca lo contrario, espero a que otras personas decidan cómo y cuando. Me animo cuando esas otras personas de la que me enamoro cotidianamente saben de sobras dónde y con quien se están metiendo. Agradezco esa valentía y entonces creo que doy bastante y me gusta recibir como un espejo. El camino es largo, lento y hay que conocerse para saber qué ofrecer y en qué medida. La mayoría de veces soy tan fácil de complacer que no necesito más que dormir abrazada a alguien para sentirme bien y levantarme cargada de energía.

Esa “cautela” (que, sinceramente, generalmente no tengo para equilibrar mi salud mental con la de otras personas) me ha hecho alejarme de ciertas relaciones y no querer abrir nuevos caminos y diálogos con otras personas. También he asumido que el sexo y la buena compañía es una buena terapia de choque para ciertos estados de ánimo, y la he puesto en práctica para dar collejas en la conciencia. Así, lo que más me alegra de algunas aventuras es conocer a personas bellísimas de más cerca, haber recorrido su cuerpo y sentido su aliento en mi boca y sentir que han hecho añicos algunas barreras que las limitaban, porque solas no cayeron.

Yo, por cierto, no quiero más de lo que me quieran dar, aunque acepto todo tipo de masajes.