La bicicleta inspira sexo y es verdad. Desde que se inventó, la bicicleta se ha tomado como abanderada de la libertad, del desenfreno, de la velocidad y, en varios casos, del sexo más allá del breve coito. Piénselo: cuando va a su oficina por la mañana en su carro y maldice el trancón mientras oye la misma emisora con los mismos comentarios y las mismas llamadas a los mismos políticos, para después oír un Bossa-nova barato o un Acid Jazz mal seleccionado, ¿Se siente libre? ¿Se siente liberado? ¿La velocidad se apodera de usted? No lo creo. Ahora piense ese recorrido en bicicleta y sea sincero consigo mismo al responder las mismas preguntas.
Hay tres escenas que hacen explícita esta relación de la bicicleta con lo sensual y lo sexual.