A veces el camino del exceso lleva al palacio de la sabiduría,
las sustancias más aptas para entrar por la puerta secreta al palacio.
Sabiduría popular y química de vanguardia se combinan para sintetizar la
llave.

Desde tiempos inmemoriales el hombre ha
buscado el éxtasis como una comunión con el universo que lo rodea.
Fundamentalmente existen tres caminos para reconectarse con este
sentimiento oceánico de unidad: las prácticas ascéticas, la sexualidad y
las drogas (generalmente en un contexto sagrado). Algunas veces estos
caminos confluyen y aunque idealmente lo mejor sería la confluencia del
ascetismo seguido del sexo, generalmente, en la búsqueda impaciente de
la otredad, se opta por combinar las drogas con el sexo. El máximo
activista de los psicodélicos, Terence Mckenna, decía que irse a la tumba sin haber tenido una experiencia psicodélica era como morirse sin jamás haber tenido sexo
o, en otras palabras, sin haberse dado cuenta de lo que en verdad se
trata este juego. Bajo este tenor surge inevitablemente el dilema de por
qué no hacer las dos al mismo tiempo.