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dilluns, 21 de desembre del 2009

Bienvenidx a casa, Altimira

Anoche soñé que volvías. Nos encontrábamos en la plaza de la estación, donde solíamos quedar. Esta vez no estabas sentadx en el banco donde acostumbravas a esperar sino que de pie te mostrabas inquietx y cierta prisa te inundaba ... alguien te perseguía ... y yo te ayudaba a escapar.
Sin apenas disfrutar de nuestro encuentro empezamos a correr por el callejón que lleva hasta la puerta del parque, entrando para escondernos entre los arbustos sin tocarnos y casi sin hablar te quedaste escondidx mientras yo salía a caminar unos metros alejadx de tí para captar si había peligro alguno.
Hoy al recordarlo me pregunto de quién huías y cuestiono la utilidad de mi ayuda.
A veces nos vamos de este mundo sin conocer y aceptar a nuestro verdadero ser interior. Agarradxs a ciertas ideas o vistiéndonos con determinados comportamientos podemos llegar a pasar toda una vida sin disfrutar de quien realmente somos.
De entre todos los miedos existentes puede resultar aterrador el que produce reconocerse a unx mismx. Empezando porque no nos han enseñado a conocernos y acabando con el típico "¿esx soy yo?" ... amar a nuestra propia esencia nos ayuda a liberarnos de molestas huídas sin sentido que no hacen más que alargar el encuentro definitivo de una vida plena.
Gracias por ser mi espejo.

dissabte, 14 de novembre del 2009

Como un bálsamo, Altimira

En estos momentos en que pasa el tiempo, de los buenos momentos me acuerdo ... ya lo cantaba hace un tiempo algún grupo euskaldún, las primeras letras de esta canción sonaban ayer en mi cabeza y es que hace ya unos días que ha pasado la tormenta, empiezo ahora a poder respirar de su resaca tan caótica y renovadora a la vez.

Aquella fuerza destructora que acompañó a la tormenta ha dejado tras de sí una gran claridad de sentimientos. No voy a reprimir esta lágrima que quiere descender mejilla abajo mientras escribo estas palabras y es que esta última tormenta ha sido brutalmente desgarradora. Hay momentos en los que la sangre parece que deja de correr por mis venas, el aire se solidifica, entonces viene a mi el indeseable desengaño al querer disfrutar de esos momentos en los que estando contigo no existía nada más y era como estar en el lugar más maravilloso del universo incluso inimaginable para nuestras mentes, para olerte, hablarte y escuchar a tu alma, al darme cuenta de que es imposible realizarlo ahora.

Durante días solamente el cielo y la tierra me han servido de consuelo, su inmensidad me ha ayudado a descargar todo mi dolor devolviéndomelo en forma de sabiduría, núnca deja de sorprenderme la gran capacidad de transmutación que la naturaleza ofrece.

Nostalgia y tristeza empiezan ahora a convertirse en amor y gratitud.
Morir para nacer me ayuda a apreciar la importancia de los ciclos ... de que las cosas cambien ... de que la tormenta aleje, aún en contra de mi voluntad, proyectos creados o seres queridos. Gracias a este suceso natural puedo seguir construyendo algunos aspectos utópicos de mi existencia.

Cada vez estoy más convencida de que aunque haya parecido lo contrario nadie ha querido hacerme daño en mis relaciones de amor. Estamos aprendiendo a no culparnos, a divertirnos y a gestionar nuestros sentimientos.

Hoy voy a intentar conocerme un poquito mejor.
Ya sabes que te quiero.