El patriarcado, como sistema, tiene como función determinar ciertos aspectos y comportamientos de aquellos sujetos sometidos a él; esto es tanto la mujer como el hombre. No pretende este ser un ensayo de carácter científico-social como el excelente ejercicio al cual parafraseo en el título, sino más bien unas anotaciones en torno a unas influencias, quizás menos estudiadas, de las jerarquías de género en la sociedad capitalista contemporánea.
Los tentáculos del patriarcado no sólo
succionan e inmovilizan a la mujer en una posición determinada del
organigrama vertical de género, sino que encasillan, como consecuencia,
también al hombre. Quizá puede pensarse, y se tendrán grandes dosis de
razón superficial, que su situación es de privilegio, si consideramos el
ejercicio de dominio como una circunstancia positiva. No obstante, la
dominación, aunque a corto plazo pueda resultar beneficiosa para el
poderoso y dañina para el desposeído, es un fenómeno maligno
bidireccional.

