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dimarts, 24 de gener del 2012

Hablar de sexo, deseo o placer en la época clásica, Michel Foucault



Siglo XVII: sería el comienzo de una edad de represión, propia de las sociedades llamadas burguesas, y de la que quizá todavía no estaríamos completamente liberados. A partir de ese momento, nombrar el sexo se habría tornado más difícil y costoso. Como si para dominarlo en lo real hubiese sido necesario primero reducirlo en el campo del lenguaje, controlar su libre circulación en el discurso, expulsarlo de lo que se dice y apagar las palabras que lo hacen presente con demasiado vigor. Y aparentemente esas mismas prohibiciones tendrían miedo de nombrarlo. Sin tener siquiera que decirlo, el pudor moderno obtendría que no se lo mencione merced al solo juego de prohibiciones que se remiten las unas a las otras: mutismos que imponen el silencio a fuerza de callarse. Censura. Pero considerando esos últimos tres siglos en sus continuas transformaciones, las cosas aparecen muy diferentes: una verdadera explosión discursiva en torno y a propósito del sexo.

dimecres, 14 de desembre del 2011

La filosofía del placer, Epicuro de Samos


Lectura de Epicuro de Samos - Carta a Meneceo.

El placer es el principio y fin del vivir feliz. Pues lo hemos reconocido como bien primero y connatural, y a partir de él hacemos cualquier elección o rechazo, y en él concluimos cuando juzgamos acerca del bien, teniendo la sensación como norma o criterio. Y puesto que el placer es el bien primero y connatural, no elegimos cualquier placer, sino que a veces evitamos muchos placeres cuando de ellos se sigue una molestia mayor. Consideramos que muchos dolores son preferibles a los placeres, si, a la larga, se siguen de ellos mayores placeres. Todo placer es por naturaleza un bien, pero no todo placer ha de ser aceptado. Y todo dolor es un mal, pero no todo dolor ha de ser evitado siempre. Hay que obrar con buen cálculo en estas cuestiones, atendiendo a las consecuencias de la acción, ya que a veces podemos servirnos de algo bueno como de un mal, o de algo malo como de un bien.

dissabte, 5 de juny del 2010

Los usos del placer, Luís Alberto Miranda



Foucault fue un hombre comprometido con el discurso y con los grandes temas de su época y empeñó su vida en la búsqueda de sus propias razones. 

En 1984 Foucault publicó el segundo volumen de la historia de la sexualidad con el título Los usos del placer. En este libro, nos lleva de regreso a la cultura de la antigua Grecia y a explorar la manera en la cual los filósofos y los doctores consideraban normas de conducta para la actividad sexual. Los textos de ese tiempo ya establecían a los individuos como sujetos éticos, a través de afirmar que cada uno debería cuestionarse sus prácticas sexuales. Hay una continuidad  con la era moderna y ciertamente estos temas persisten aún hoy. Para platón (427-327 AC), la práctica sexual era vista como algo normal aunque en las leyes de entonces se afirmaba que el sexo entre hombres no era natural, pero no constituía un juicio moral ni implicaba ninguna restricción o algo parecido. Era una simple nota al margen. Se refería, más bien, al hecho de que abusar en exceso de la sexualidad no era bueno. “El sexo asegura la procreación y aunque no es malo en sí mismo, abusar en exceso de su práctica puede descarriar a las personas”, eso pensaban y encaja perfectamente en la idea griega del “justo medio” que proclaman para todas las actividades humanas.

divendres, 28 de maig del 2010

Santa pecadora, Denisse Legrand


Fuimos algunas pocas las que fuimos destinadas a llevar la divina carga de ser amantes. Rechazadas por la sociedad y por el gremio de mujeres mismo. “Desde tiempos lejanos las mujeres fuimos creadas para ser madres, éramos vientres dispuestos por y para conceder vida al mundo, darle a este mundo sus nuevos hombres dominantes". Quienes creen esto olvidan que para dar vida es necesario el encuentro de los cuerpos Pero era y aún es difícil para muchos conceder la imagen de la madre, fuente de vida, untada en sudor y deseo. Siguiendo el modelo de ascetismo tradicional represivo del sistema de valores sexuales, estas madres debían ser esposas, casi esclavas en lo vinculado a las emociones y las tareas del hogar. Según este modelo solo era bien vista la osadía de tener relaciones sexuales cuando su fin era reproductivo.

El hombre, siempre fue visto como fuente de virilidad y poder, en la mayoría de los casos elementos directamente proporcionales. Ellos, todologos y hábiles conocedores, suelen gritar a vivas voces que tienen más necesidad de sexo que nosotras. Como si por el simple hecho de ser XY llevasen un surtidor extra.
Esta creencia tiene varias justificaciones. El cumplimiento del rol (masculino y femenino), por la nombrada Deseabilidad Social, explicaría que algunos hombres no admitirían nunca tener un bajo deseo. No sea que dejen de ser vistos como machos alfa dominantes. La mujer, en cambio, ante cualquier demostración de sex appeal es, tildada con infinidad de adjetivos, y señalada con ese dedo acusador cargado de moral hipócrita. Resulta ser, y que opte por cerrar los ojos el que no quiera ver, que las mujeres tenemos relaciones sexuales, nos entregamos a lo carnal, somos fuente de placer para los demás y para nosotras mismas. Osamos cargar con pensamientos impuros y llevar nuestros cuerpos a su encuentro.

dimarts, 11 de maig del 2010

Sofía de los presagios, Gioconda Belli


La mano de Samuel empieza a moverse sobre su brazo y antebrazo. Sofía siente ligeros estremecimientos empezar a invadirle el pecho, desmadejándola. Hace mucho que nadie la acaricia. Nadie la ha acariciado jamás así de suave. Es cierto lo que dijo Samuel, se experimenta más liviana y un calor de flores le entra en las venas y baja hacia su ombligo. Con los ojos cerrados deja que las manos de Samuel suban hacia sus hombros, su cuello, el contorno de su frente, la profundidad de su pelo ensortijado. Ya no siente aspereza en su contacto, las manos de Samuel se han trocado en mariposas ciegas que revolotean sobre todo su cuerpo. Sin abrir los ojos, deja que el hombre le incline la espalda para quitarle la blusa; las mariposas, entonces, revolotean sobre sus pechos desnudos y cuando él le quita la falda, el calor de su cuerpo es ya tan intenso como el de la fogata y cuando abre los ojos, Samuel se ve hermoso y color de cobre bruñido, desnudo, despojándola del último vestigio de ropa. Las mariposas se posan tanteando sobre su sexo y Sofía abre las piernas y siente la urgente necesidad de ser penetrada hasta lo profundo de sí misma. Sin embargo, Samuel continúa multiplicando milagrosamente sus manos y a Sofía le parece que los grillos y las luciérnagas danzan con él en el cortejo de los machos y también le están haciendo el amor todas las criaturas de la noche. Por fin siente el sexo de Samuel entrando en su interior, un sexo vivo y de alta temperatura, cómodo y que no la ofende como el enorme miembro de René. En ese momento nada existe para ella mas que el movimiento fluido de aquel cuerpo hurgándole el placer que ella jamás ha conocido de esta forma. El hombre excava tenaz abriéndola a un mundo de experiencias apenas intuidas en sus solitarias exploraciones consigo misma. Sofía gime, se mueve contribuyendo en la búsqueda ciega del punto mágico que detonará los diques de las aguas que suben y buscan salida. La fogata apenas existe aún, la oscuridad es más densa.

dilluns, 12 d’octubre del 2009

El derecho al placer, Sandra Rojas



Nos robaron el placer, como nos robaron otras tantas maravillas de la vida. Y si nos dejamos, los enemigos del placer colectivo y amigos de la destrucción nos las roban todas. La experiencia del placer libera y enseña a defender con las uñas ese mismo placer. ¿Por qué se imaginan que los poderosos no quieren perder sus privilegios? Porque los conocen de sobras y son tan mala gente que no quieren ni compartirlos; porque poder, se puede. También tengo claro que quien quiera sufrir, que sufra. No soy de esas personas, acepto sacrificios pero no sufrimientos.

Los derechos, como podría ser el mismo placer, no son inalienables al ser humano. Se recibe, dando; se encuentra, ofreciendo; se avanza, caminando; se gana, luchando. No nos enseñaron, más bien nos reprimieron todo ello. No nos prepararon, nos tiraron de golpe a la piscina, y desaprender es más difícil que aprender. Encontrar a nuestro ser salvaje no es fácil, pero, claro está, es posible. Nuestros deseos, liberaciones y despertares están ahí, pero si te quedas quieta, se alejan.

Vivir el despertar de nuestro ser salvaje es espectacular. Darse la confianza, la facilidad y la tranquilidad de disfrutar del placer erótico y sexual sin objetivos ni pretensiones ni límites ni culpas ni remordimientos. Con o sin compañía, transgrediendo normas y tabúes, recibiendo sin complejos ni obligaciones y con mucha alegría. Ese abrir los ojos para valorar el propio cuerpo conlleva otras liberaciones y otras miradas, un bastante de alegría y fuerza para afrontar con optimismo la miseria cotidiana y general que nos rodea.

Pareciera sorprendente que en algunos casos, más de los imaginados, hay personas que nunca han mantenido ciertas prácticas sexuales o las han mantenido con nula o escasa consideración hacía su propio placer, con la frustración que conlleva (si había expectativas) o la asunción de un nivel de placer mínimamente aceptable. Preocupante, sin duda. y cuando un torbellino de placer inunda sus cuerpos, pueden aferrarse tanto a ese torbellino que a veces ponen en la cuerda floja una antigua relación amistosa cariñosa, agradable y abierta. Personas que te acaban de conocer, pasan a "extrañarte" y a necesitar más; eso es, a generar más dependencias en vez de lanzarlas bien lejos; eso es, a sufrir, cuando antes aceptaban su camino sin aparente sufrimiento.

Es por ello que cierta “cautela” me acompaña a la hora de iniciar relaciones, luego me suelo ir de cabeza y sin cabeza. Aunque parezca lo contrario, espero a que otras personas decidan cómo y cuando. Me animo cuando esas otras personas de la que me enamoro cotidianamente saben de sobras dónde y con quien se están metiendo. Agradezco esa valentía y entonces creo que doy bastante y me gusta recibir como un espejo. El camino es largo, lento y hay que conocerse para saber qué ofrecer y en qué medida. La mayoría de veces soy tan fácil de complacer que no necesito más que dormir abrazada a alguien para sentirme bien y levantarme cargada de energía.

Esa “cautela” (que, sinceramente, generalmente no tengo para equilibrar mi salud mental con la de otras personas) me ha hecho alejarme de ciertas relaciones y no querer abrir nuevos caminos y diálogos con otras personas. También he asumido que el sexo y la buena compañía es una buena terapia de choque para ciertos estados de ánimo, y la he puesto en práctica para dar collejas en la conciencia. Así, lo que más me alegra de algunas aventuras es conocer a personas bellísimas de más cerca, haber recorrido su cuerpo y sentido su aliento en mi boca y sentir que han hecho añicos algunas barreras que las limitaban, porque solas no cayeron.

Yo, por cierto, no quiero más de lo que me quieran dar, aunque acepto todo tipo de masajes.